viernes, 10 de julio de 2009

XIV

“Ustedes se hacen los machos pero no se la bancan ni un poco, pusilánimes”, les decís a todos a los gritos. Ahí mismo ves un dibujito de humo con la forma de tu amigo el Richard, que rompió la barrera del sonido en su escapada. Temés lo peor, pero no, todo lo contrario: los parroquianos empiezan a hacer puchero y se corren a tu paso. Te sentís Perón, y decidiendo que mejor no se puede poner la noche, te vas del bar. Subís la escalera, esquivás al croto otra vez, llegás a la calle y justo te cae un piano en la cabeza y te morís. Sos un gil.

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